La hepatitis A es una enfermedad que aún cuando
no tiene el alto grado de letalidad que la hepatitis B,
causa grandes molestias a quienes la padecen, teniendo
que mantener reposo absoluto por un largo período
de tiempo causando ausentismo laboral y escolar, y gastando
más dinero en exámenes y consultas médicas
que lo que cuesta la vacuna contra la enfermedad. Esta
enfermedad es muy fácil de contraer pues se transmite
por saliva y aguas contaminadas. En Venezuela, los ríos
y playas tienen un elevado nivel de contaminación.
Muchos de los ríos que desembocan en nuestras
playas, no lo hacen en aguas profundas, trayendo desechos
fecales y basura de los pueblos. Por lo tanto, si nos
bañamos, comemos pescado o lavamos alimentos
con estas aguas, existen muchas posibilidades de contagiarse.
La vacuna es muy nueva, la colocan los pediatras desde
hace aproximadamente 6 años, por lo que la mayoría
de los adultos no la poseen. Son dos dosis con una separación
de 6 a 12 meses.
Viajeros a países de media o alta endemicidad
(turistas, empresarios, militares, etc.).
Contacto actual o reciente con individuos infectados.
Potenciales contactos: equipo de salud (especialmente
aquéllos en contacto con sangre: personal de
laboratorios, diálisis, etc.) o personas al cuidado
de enfermos o niños: escuelas, guarderías,
etc. Comunidades cerradas, especialmente las de cuidado
diurno; fuerzas armadas y de seguridad.
Trabajadores de higiene sanitaria.
Homosexuales.
Drogadictos.
Las personas que potencialmente pueden cumplir el papel
de transmisores de la enfermedad, como por ejemplo los
manipuladores de alimentos.
Población en general, con fines preventivos. |